Lo que no quiero volver a ser
Durante mucho tiempo pensé que cambiar era sumar capas.
Más versiones de mí, más adaptaciones, más pieles que ponerme según el contexto. Ahora empiezo a entender que crecer también consiste en descartar identidades. No como gesto violento ni como ajuste de cuentas, sino como una forma básica de cuidado.
Hay cosas que no quiero volver a ser porque ya sé lo que cuestan.
No quiero volver a ser la persona que se queda donde no la miran bien, solo por no incomodar.
No quiero volver a ser quien traduce su lenguaje para encajar en espacios que, en el fondo, no quieren entender nada.
No quiero volver a ser productivo a costa de vaciarme, ni eficiente a costa de perderme.
Hubo un tiempo en el que confundí resistencia con aguante. Pensé que sostenerlo todo era una virtud. Que si me adaptaba un poco más, si cedía un poco más, si limaba los bordes, llegaría el momento en que todo encajaría. No encajó. Solo me fui alejando de mí.
Tampoco quiero volver a ser la versión de mí que necesitaba aprobación constante para sentirse real. Esa que miraba alrededor esperando una señal, una validación, un “ahora sí”. Vivir así es agotador. Y peligroso. Porque cuando dependes de esa mirada externa, cualquier silencio se vuelve una condena.
Hay identidades que se construyen por supervivencia y no por deseo. Versiones tuyas que nacen en contextos difíciles y cumplen su función… hasta que dejan de hacerlo. Aferrarse a ellas por nostalgia o miedo no las vuelve nobles, solo las vuelve pesadas.
Descartar no es borrar.
No reniego de quien fui.
No niego lo que me salvó en su momento.
Pero ahora necesito otro mapa.
Uno donde no tenga que explicarme todo el tiempo.
Donde no tenga que justificar por qué hago lo que hago.
Donde el trabajo no sea una prueba constante de valor.
Donde el silencio no sea un fracaso.
Lo que no quiero volver a ser no define quién soy, pero sí marca por dónde no quiero pasar otra vez. Es un sistema de señales internas. Un “por aquí no”. Un recordatorio amable, aunque firme.
Quizá eso sea madurar:
no convertirse en algo mejor,
sino dejar de insistir en ser lo que ya sabes que te hace daño.
Y seguir. Con menos ruido. Con menos máscaras.
Con más espacio para respirar.