La contradicción (y no cerrarla)

Convivo con contradicciones todo el tiempo, y cuanto más intento ordenarlas, más claro veo que no están para resolverse. Están para acompañar el proceso, para tensarlo. Durante años pensé que había que elegir un lado, fijar una postura, construir un discurso coherente. Ahora empiezo a sospechar que lo coherente, en mi caso, es aceptar que vivo en esa fricción.

Quiero visibilidad y, al mismo tiempo, me agota. Me esfuerzo en subir vídeos, mantener un ritmo, alimentar YouTube, Instagram, directos… y hay días en los que me gustaría desaparecer una semana entera y no explicarme a nadie. Me excita ver cómo Music Box empieza a moverse, cómo suben las visitas, cómo alguien comenta desde otro país. Y a la vez me invade una incomodidad física al pensar que me miran, que esperan algo de mí, que tengo que “seguir”. No es timidez: es una mezcla rara entre deseo de conexión y necesidad de silencio.

Quiero vivir de esto, claramente. Necesito estabilidad, pagar el alquiler, dejar de sobrevivir proyecto a proyecto. Pero odio venderlo. Me cuesta poner palabras comerciales a algo que para mí nace desde un lugar frágil, torcido, experimental. Cada vez que pienso en “estrategia”, “monetización” o “optimización”, una parte de mí se encoge. Y aun así sigo buscando cómo hacerlo sin traicionarme, sabiendo que no hacer nada también es una forma de decisión.

Quiero control y lo pierdo constantemente. Me obsesiono con que el proyecto tenga una identidad clara —la estética rosa, las cajas de música rotas, los loops— y al mismo tiempo dejo que el directo se desborde: dibujo encima sin saber qué va a salir, mezclo capas, rompo ritmos, improviso. En Music Box, cuando pierdo el control, curiosamente, aparece algo más vivo.

No quiero cerrar nada de esto. No quiero llegar a una conclusión bonita ni a una frase que lo explique todo. Prefiero mostrar la contradicción tal cual es: subir vídeos y dudar de ellos, disfrutar de los comentarios y querer apagarlos, desear que esto crezca y temer exactamente eso. Ahí está el pulso real de lo que hago ahora.

No resolverlo es una forma de honestidad.
Mostrarlo, quizá, es lo único que de verdad sé hacer.

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Garbi KW propone un trabajo híbrido entre muchas disciplinas dispares: arte urbano, diseño, arte, publicidad, cine, instalaciones, collages, videoarte, cartelismo, pintura, lustración, actos performativos, moda, etc.

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