Aprender a mirar lo que ya hice
Abrir archivos antiguos es una experiencia extraña. No se parece a recordar. Se parece más a encontrarte con alguien que tuvo tu cara pero no tu cabeza.
Durante mucho tiempo evitaba hacerlo. O me daba vergüenza o me daba orgullo —y las dos cosas son formas de no ver. El rechazo es fácil: “esto ya no soy yo”. La nostalgia también: “aquí estaba mejor”. Ninguna de las dos mira realmente la obra. Solo hablan de quién quieres ser ahora.
Cuando vuelvo a ciertos dibujos, vídeos o pruebas, me doy cuenta de algo incómodo: no estaba equivocado. Estaba en otro punto. Hay decisiones que hoy no tomaría y, sin embargo, eran las únicas posibles desde aquella vida concreta. El gesto pertenece al contexto emocional en el que nació, no al artista que soy hoy.
He visto piezas que entonces me parecían enormes y ahora son pequeñas. Y otras que hice sin importancia y ahora entiendo mejor que casi todo lo reciente. El tiempo no ordena por calidad: ordena por distancia. Y esa distancia permite algo muy raro, casi clínico —ver sin defenderte.
También descubro continuidades. Obsesiones que no se han ido nunca: repetir hasta vaciar, mezclar lo tierno con lo incómodo, trabajar más por acumulación que por golpe maestro. Cambian las herramientas, cambian los formatos, pero el pulso es el mismo. La obra no avanza en línea recta: gira sobre un centro.
Mirarlo así quita dramatismo. No hay etapas fallidas, solo versiones que todavía no sabían lo que estaban diciendo. Tampoco hay traiciones: hay traducciones. Cada periodo intenta pronunciar la misma pregunta con el idioma disponible en ese momento.
Quizá madurar como artista no sea mejorar, sino aprender a no discutir con lo que hiciste. Poder verlo sin protegerlo ni atacarlo. Como si perteneciera a otro, pero entendiendo que ese otro eras tú haciendo lo único que podías hacer entonces.
A veces pienso que el archivo personal no es un pasado: es un mapa. Y no sirve para volver atrás, sino para comprobar que, aunque cambies de paisaje, siempre caminas alrededor del mismo lugar.