Bailar en el vertedero

Siempre hubo una idea romántica del artista: proteger su lenguaje, cuidar su firma, mantener un territorio propio.
Ahora estoy trabajando con una herramienta que hace justo lo contrario.

No porque quiera destruir lo que hacía antes, sino porque acepto que puede pasar.

La inteligencia artificial no amenaza solo el oficio — amenaza la autoría psicológica.
Te coloca en un lugar incómodo: sabes que parte de lo que produces puede ser imitado inmediatamente, que el espectador dudará antes de mirar, que la conversación llegará antes que la obra. Y aun así sigues.

No por fe en la tecnología.
Por curiosidad hacia ese borde.

Hay algo raro en elegir voluntariamente un medio que te resta valor simbólico. Es casi lo contrario del prestigio: trabajar sabiendo que la etiqueta aparecerá antes que la experiencia.
El ojo detectará “IA” antes que imagen.
La opinión antes que sensación.

Y en ese punto aparece algo cercano a lo punk, pero sin estética punk.
No es ruido ni agresividad: es asumir que el propio lenguaje te puede expulsar del lugar que ocupabas.

No lo hago porque sea cómodo.
Ni porque crea que todo valga.
Ni porque ignore las dudas — están ahí: el gasto energético, la velocidad absurda, la sensación de que el mundo se vuelve intercambiable demasiado deprisa. Nada de eso desaparece.

Pero hay otra pregunta debajo:
qué significa seguir creando cuando la creación deja de garantizarte identidad.

Trabajar aquí es aceptar que parte de lo que haces será considerado desechable desde el inicio.
No después. Desde antes de existir.

Ahí aparece la palabra “trash”, pero cambia de sentido.
No como insulto, sino como condición de época: imágenes nacidas sabiendo que pueden no merecer memoria.
No buscan durar, buscan ocurrir.

Tal vez el gesto artístico no sea producir algo valioso, sino exponerse a producir sin protección.
Hacerlo aunque el medio te rebaje.
Aunque te iguale.
Aunque un día pueda sustituirte.

No como martirio, ni como heroísmo.
Más bien como aceptar que la estabilidad del artista fue siempre temporal y ahora simplemente se ve.

Quizá dentro de unos años todo esto parezca obvio.
O irrelevante.
O infantil.

Pero ahora mismo es un lugar extraño donde trabajar: crear sin la garantía de que crear te mantenga a salvo.

No tengo una conclusión clara.
Solo la sensación de estar operando en una zona donde la obra ya no te confirma.

Y aun así, continuar.

Written by:

Garbi KW propone un trabajo híbrido entre muchas disciplinas dispares: arte urbano, diseño, arte, publicidad, cine, instalaciones, collages, videoarte, cartelismo, pintura, lustración, actos performativos, moda, etc.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *