Cartografía de un mundo que solo existe aquí

Si tuviera que explicar lo que hago como si fuera un lugar, no empezaría por una idea ni por un concepto. Empezaría por el clima.
Aquí casi nunca hay cielos despejados. Hay neones suaves, humedad, una luz rosada que no sabes si viene del amanecer o de un cartel que nunca se apaga. Es un territorio inestable: a ratos acogedor, a ratos incómodo. Como la mayoría de los sitios donde he vivido de verdad.

Este mundo no nació de una decisión clara. Se fue formando por acumulación. Capas de cosas que no encajaban en ningún sitio: dibujos hechos sin intención artística, música creada para no pensar, imágenes que aparecieron cuando ya no tenía energía para controlar nada. Con el tiempo entendí que no eran restos: eran ruinas habitables.

Hay zonas eléctricas. Lugares donde todo vibra demasiado rápido. Ahí viven los loops, el glitch, el ruido bonito, la repetición obsesiva. Es el pulso que me mantiene despierto cuando todo lo demás se cae. No es calma: es insistencia.
Y hay zonas blandas. Espacios donde el tiempo se estira y nadie pide explicaciones. Ahí entran los collages, los cuerpos imposibles, las figuras que no parecen sufrir aunque el mundo arda alrededor. Son zonas de contacto. No curan, pero sostienen.

También hay restos de otras épocas. Murales que ya no existen salvo en vídeo. Proyectos que parecían definitivos y ahora son fósiles. Intentos de encajar en escenas, lenguajes, etiquetas que nunca fueron casa. No los escondo. Forman parte del paisaje. Son carreteras que llevan a ninguna parte, pero que tuve que recorrer para llegar aquí.

Este territorio no está pensado para visitantes. No hay carteles ni mapas claros. A veces ni yo mismo sé orientarme. Pero cuando entro, reconozco el suelo bajo los pies. Sé dónde puedo parar. Sé qué zonas no debo forzar. He aprendido a moverme sin conquistar nada, sin prometer nada.

No explico qué significa este mundo porque tampoco lo explico cuando entro en él. Lo habito. Lo recorro como se recorren algunos barrios: con cuidado, con curiosidad, aceptando que no todo es bonito ni todo es útil. Hay belleza en lo torcido, en lo inacabado, en lo que no sirve para otra cosa que estar ahí.

Quizá eso sea lo más honesto que puedo hacer ahora: seguir trazando esta cartografía sin intención de convertirla en destino. Dejar que exista. Volver cuando lo necesito. Y quedarme el tiempo justo para no olvidarme de quién soy cuando no estoy intentando ser nada más.

Written by:

Garbi KW propone un trabajo híbrido entre muchas disciplinas dispares: arte urbano, diseño, arte, publicidad, cine, instalaciones, collages, videoarte, cartelismo, pintura, lustración, actos performativos, moda, etc.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *