Cerrar puertas también es una forma de avanzar

Hay cosas que ya no me interesan, y decirlo en voz alta me da más calma de la que esperaba. No porque las desprecie, ni porque hayan sido un error, sino porque cumplieron su función y ya no me piden nada más. Durante mucho tiempo confundí fidelidad con insistencia: seguir empujando ideas que ya no vibraban solo porque un día funcionaron, porque tenían nombre, recorrido o reconocimiento.

Aprender a dejar atrás no ha sido un gesto épico. Ha sido más bien incómodo, casi doméstico. Cerrar carpetas, no responder a ciertas llamadas internas, aceptar que no todo merece una segunda vida. Hay estilos que ya no me despiertan curiosidad, discursos que ya no me representan, dinámicas que sé repetir de memoria pero que no me llevan a ningún sitio nuevo. Y no pasa nada. No todo lo que fui tiene que acompañarme siempre.

Dejar cosas atrás no es traicionarse, es afinar. Es entender que el tiempo también edita, que la mirada cambia y que el deseo se desplaza. Hoy me interesa más lo que todavía no sé nombrar que aquello que podría ejecutar sin pensar. Prefiero la torpeza de lo nuevo al virtuosismo vacío de lo conocido.

No escribo esto desde el rechazo, sino desde una especie de agradecimiento silencioso. Hubo proyectos que me enseñaron a trabajar, a resistir, a mostrarme. Pero ahora necesito otros ritmos, otras preguntas, otras formas de estar dentro de lo que hago. Seguir cargando con todo sería una manera lenta de desaparecer.

Cerrar puertas no es huir.
Es elegir por dónde seguir caminando sin arrastrar ruido innecesario.

Written by:

Garbi KW propone un trabajo híbrido entre muchas disciplinas dispares: arte urbano, diseño, arte, publicidad, cine, instalaciones, collages, videoarte, cartelismo, pintura, lustración, actos performativos, moda, etc.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *