El cuerpo como archivo (y otras formas de sostenerse)

Hay imágenes que no nacen para ser explicadas, sino para acompañar un estado.
Esta es una de ellas.

Un cuerpo de pie, quieto, casi frontal. No avanza ni retrocede. No huye. No ataca. Está ahí, sosteniéndose. Alrededor, fragmentos: símbolos que no encajan del todo, recuerdos que no piden permiso para volver, objetos que parecen heredados de otra vida. Nada está colocado para contar una historia cerrada. Todo está ahí porque insiste.

Trabajo así últimamente: acumulando capas que no buscan armonía, sino verdad. Cuerpo y ornamento. Fe y sospecha. Ternura y amenaza. Lo doméstico y lo ritual. La casa, la serpiente, la flor, el fuego, las manos que aparecen sin dueño. No son metáforas limpias. Son restos. Y los restos también hablan.

El cuerpo central no es un héroe ni un mártir. No viene a salvar nada. Es un cuerpo atravesado: por símbolos que no eligió, por imaginarios que lo preceden, por una educación sentimental hecha de religión, deseo, culpa, fantasía y contradicción. Las alas no prometen vuelo. Los cuernos no garantizan caída. Todo convive sin jerarquía.

En este punto de mi trabajo ya no busco “resolver” las imágenes. Me interesa dejarlas abiertas, incompletas, disponibles. QUEERLLAGES nace desde ahí: como un archivo vivo, un espacio donde las piezas no explican, sino que se ofrecen. Cuerpos que se pueden desmontar. Símbolos que se pueden volver a usar. Narrativas que no vienen dadas.

Hay algo político en negarse a cerrar el sentido. En no dar una lectura correcta. En permitir que lo frágil, lo ambiguo y lo incómodo ocupen espacio sin justificarse. Durante mucho tiempo sentí que debía aclarar, defender, traducir lo que hacía. Ahora prefiero construir un territorio y quedarme dentro, aunque no todo el mundo lo entienda.

Este trabajo no habla de infancia en un sentido literal, pero sí de aquello que se queda pegado al cuerpo desde temprano. De cómo ciertas imágenes —muñecos, casas, símbolos, promesas— se quedan ahí incluso cuando crecemos. No como nostalgia, sino como material. Como peso y como posibilidad.

No estoy haciendo collages para decorar nada. Estoy montando un lenguaje propio con piezas rotas, heredadas y fabricadas. Un lenguaje que no avanza en línea recta, que se repite, se contradice y se corrige sobre la marcha. Como la vida.

Esta imagen es una parada más en ese camino.
No explica lo que vendrá.
Pero deja claro desde dónde estoy trabajando ahora:
desde el cuerpo, desde la duda, desde el deseo de sostener algo sin necesidad de cerrarlo.

Y eso, de momento, es suficiente.

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Garbi KW propone un trabajo híbrido entre muchas disciplinas dispares: arte urbano, diseño, arte, publicidad, cine, instalaciones, collages, videoarte, cartelismo, pintura, lustración, actos performativos, moda, etc.

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