La estética como refugio

A veces pienso que no empecé a construir un universo visual por estrategia artística.
Empecé a hacerlo para sobrevivir.

Cuando creces en un lugar donde las cosas no están bien colocadas —donde el amor aparece a ratos, donde la violencia existe, donde nadie parece entender muy bien quién eres— el mundo exterior se vuelve un territorio extraño. Yo aprendí pronto que había otra forma de habitarlo: imaginándolo.

De niño pasaba horas dibujando, leyendo, inventando. No era una vocación clara todavía, era más bien una forma de respirar. Mientras alrededor ocurrían cosas que no podía controlar, dentro de mi cabeza podía construir otras realidades. Ahí todo tenía su lógica. Ahí los colores eran más intensos, los personajes más libres, las formas más raras.

Con los años entendí que aquello tenía un nombre: estética.

Pero para mí la estética nunca fue sólo una cuestión de estilo.
Es una arquitectura emocional.

Cada universo visual que he creado —los personajes, los colores, los símbolos, los loops, las portadas, los libros— funciona como un espacio donde puedo ordenar el caos. No porque el caos desaparezca, sino porque se transforma en otra cosa.

El fuego se convierte en símbolo.
La tristeza en una melodía de caja de música.
La rabia en un personaje de piel azul.
La rareza en un lenguaje propio.

Construir estética es construir refugio.

No un refugio para esconderse del mundo, sino un lugar donde el mundo puede reorganizarse. Donde lo que duele encuentra una forma, una textura, una imagen.

Cuando trabajo en casa, frente al ordenador, muchas veces siento que estoy ampliando ese refugio. Un nuevo disco, un nuevo videoclip, un libro de collages, una animación mínima… no son proyectos aislados. Son habitaciones nuevas dentro del mismo lugar.

Mi universo creativo funciona así: como una casa extraña que no deja de crecer.

A veces aparece una criatura.
A veces un objeto kitsch.
A veces una imagen vaporwave brillante y artificial.
A veces un dibujo oscuro.

Todo convive.

Durante años ese universo se expandió en muchas direcciones: murales, ilustración, música, libros, instalaciones. Ahora siento que algo se está reordenando otra vez. El audiovisual se está convirtiendo en el nuevo centro de gravedad. Los videoclips, las animaciones, las imágenes en movimiento.

No lo siento como un cambio brusco.
Más bien como si ese refugio estuviera encontrando otra forma de respirar.

La pantalla también es un espacio habitable.

Ahí puedo mezclar música, imagen, personajes, símbolos. Ahí todos los lenguajes que he ido acumulando durante años empiezan a dialogar entre sí de una forma más completa.

Quizá por eso sigo construyendo estos mundos.
No para escapar de la realidad, sino para hacerla soportable.

Porque a veces la estética no es decoración.

Es una forma de mantenerse vivo.

Written by:

Garbi KW propone un trabajo híbrido entre muchas disciplinas dispares: arte urbano, diseño, arte, publicidad, cine, instalaciones, collages, videoarte, cartelismo, pintura, lustración, actos performativos, moda, etc.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *