El problema de enamorarte de alguien roto es que acabas viviendo dentro de sus ruinas
Durante mucho tiempo pensé que amar a alguien también consistía en entenderlo todo. Las heridas, los traumas, las contradicciones, la rabia, los silencios raros, las formas equivocadas de querer. Como si comprender el dolor de otra persona automáticamente hiciera más soportable el daño que te estaba haciendo.
Y sinceramente creo que muchísima gente vive atrapada ahí años.
Intentando salvar constantemente a personas que en realidad solo quieren alguien que aguante el peso de sus demonios mientras ellos siguen funcionando más o menos igual.
Lo peor es que muchas veces ni siquiera son conscientes. Hay gente que convierte sus traumas en identidad completa. Todo queda explicado por una infancia complicada, por el bullying, por relaciones pasadas, por inseguridades, por padres horribles, por miedo al abandono. Y claro que todo eso deja marcas. Yo mismo tengo heridas que probablemente me acompañarán siempre. La diferencia es qué haces con ellas.
Porque llega un momento donde el dolor deja de ser explicación y empieza a convertirse en una decisión constante sobre cómo tratas a los demás.
Y creo que una de las cosas que más me rompió durante años fue aceptar precisamente eso. Darme cuenta de que podías entender perfectamente por qué alguien era como era y aun así terminar completamente destrozado dentro de la relación.
Además hay algo muy perverso en enamorarte de personas que necesitan sentirse heridas constantemente para justificar el personaje que han construido alrededor de sí mismas. Gente que siempre encuentra una manera de colocarse en el centro del daño incluso cuando son ellos quienes están destruyendo todo alrededor.
Y mientras tanto tú intentando sostenerlo todo porque piensas que amar a alguien también significa aguantar sus partes más oscuras.
Hasta que un día te das cuenta de que llevas años pagando emocionalmente cosas que no te pertenecían.
Traumas.
Complejos.
Rabia acumulada.
Inseguridades.
Crueldades disfrazadas de sensibilidad.
Y sinceramente llega un punto donde da bastante igual de dónde viene todo eso. Hay personas tan acostumbradas a justificar su comportamiento desde sus heridas que dejan de preguntarse cuánto daño están haciendo mientras tanto.
Supongo que por eso ahora me da muchísima pereza la romantización constante del “pobre chico roto”. Especialmente cuando detrás de esa imagen lo único que hay muchas veces es egoísmo emocional y gente incapaz de responsabilizarse realmente de cómo trata a quienes les quieren.
Y lo fuerte es que aun así yo no siento que todo eso me haya convertido en una persona cruel.
Cansada sí.
Más desconfiada también.
Muchísimo menos inocente.
Pero no cruel.
Y a veces eso me impresiona bastante porque sinceramente he vivido cosas que podrían haberme convertido en alguien muchísimo más oscuro. Hay dolores que llegan sin que los hayas elegido. Situaciones familiares, pérdidas, relaciones, momentos donde la vida literalmente parece ensañarse contigo durante años seguidos.
Y aun así nunca sentí necesidad de convertir a otra persona en el contenedor de toda mi mierda emocional para poder sobrevivir.
Supongo que por eso me cuesta tanto entender ciertas formas de actuar. Porque al final todos tenemos demonios, traumas y partes rotas. La diferencia está en si decides mirarlos o dedicarte a ir dejando cadáveres emocionales detrás mientras explicas constantemente por qué eres así.
Y sinceramente creo que hay gente tan acostumbrada a vivir dentro de sus propias heridas que termina confundiendo sensibilidad con destrucción.