Contra la gente que ya sabe quién es

Desconfío profundamente de las personas que tienen respuestas para todo.

De las que han convertido su vida en una oficina.

De las que hablan de estabilidad como si fuera una virtud moral.

De las que creen que madurar consiste en ir eliminando contradicciones hasta convertirse en una versión más eficiente de sí mismas.

Cada año que pasa me interesan menos los individuos terminados.

Prefiero a los que todavía están ardiendo.

A los que todavía no saben exactamente qué demonios están construyendo.

A los que son capaces de destruir una década de trabajo porque han visto algo más extraño en el horizonte.

La sociedad llama inmadurez a muchas cosas.

Llama inmadurez a negarse a obedecer.

Llama inmadurez a no convertirse en una mercancía coherente.

Llama inmadurez a seguir persiguiendo fantasmas cuando ya deberías estar produciendo resultados.

Quizá tengan razón.

Quizá llevo toda la vida fracasando en convertirme en un adulto funcional.

Pero si la alternativa consiste en convertirme en una pieza más de la maquinaria, prefiero seguir siendo un error.

He conocido gente que lo consiguió.

Obtuvieron reconocimiento.

Obtuvieron seguridad.

Obtuvieron prestigio.

Y poco a poco fueron desapareciendo detrás de sus propias biografías.

Se convirtieron en administradores de sí mismos.

En guardianes de una versión rentable de su personalidad.

En funcionarios de su propio personaje.

Yo no quiero conservar nada.

Quiero seguir mutando.

Quiero seguir traicionando las expectativas.

Quiero seguir perdiendo el tiempo de formas que no puedan justificarse en una hoja de cálculo.

Porque todo lo que realmente me ha transformado nació de una obsesión inútil.

De una idea ridícula.

De una imagen que nadie había pedido.

De una canción que no tenía mercado.

De una fijación tan irracional que cualquier persona sensata habría abandonado a la semana.

La sensatez nunca ha construido los lugares donde quiero vivir.

Los construyen los fanáticos.

Los raros.

Los desviados.

Los que siguen excavando cuando todo el mundo les dice que la mina está vacía.

Y si algún día termino encontrando algo ahí abajo, no será oro.

Será otra obsesión todavía más grande.

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Garbi KW propone un trabajo híbrido entre muchas disciplinas dispares: arte urbano, diseño, arte, publicidad, cine, instalaciones, collages, videoarte, cartelismo, pintura, lustración, actos performativos, moda, etc.

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