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Todo es político aunque mucha gente finja que no

Cada vez me interesa menos la gente que vive intentando parecer neutral. Esa obsesión constante por colocarse en un punto cómodo donde nunca tengan que implicarse demasiado en nada, como si mantenerse ambiguo fuese automáticamente una señal de inteligencia o superioridad moral.

Y sinceramente creo que la mayoría de veces simplemente es miedo.

Porque todo es político. Absolutamente todo. Cómo miras a otras personas. Cómo amas. Cómo hablas. Cómo consumes cuerpos. Cómo entiendes la masculinidad. Cómo reaccionas ante la vulnerabilidad ajena. Qué tipo de violencia decides normalizar para seguir sintiéndote cómodo dentro del mundo.

Incluso el silencio es político aunque muchísima gente quiera fingir que no.

De hecho creo que gran parte del problema actual es precisamente esa obsesión por convertir la política en algo superficial, como si solo existiera cuando alguien menciona ciertos temas explícitamente o comparte cuatro opiniones correctas en redes. Y mientras tanto luego ves personas supuestamente muy conscientes funcionando emocionalmente desde dinámicas completamente egoístas, manipuladoras o crueles con la gente que tienen cerca.

Y sinceramente eso me parece muchísimo más revelador que cualquier discurso bonito.

Porque para mí ser una persona de izquierdas nunca tuvo que ver con parecer intelectual, alternativo o culturalmente interesante. Tiene que ver con cómo entiendes el poder. Con la empatía real. Con no vivir constantemente intentando colocarte por encima de otros para sentirte válido. Con no convertir a las personas en objetos emocionales al servicio de tus propios vacíos.

Y supongo que por eso me siento tan lejos de cierta gente que utiliza discursos progresistas casi como maquillaje moral mientras sigue funcionando desde el narcisismo más absoluto. Personas obsesionadas con parecer sensibles pero incapaces de sostener emocionalmente nada que no gire alrededor de sí mismas.

Además me parece bastante fuerte cómo muchísima gente habla continuamente de trauma, de heridas o de salud mental como si eso automáticamente justificara cualquier comportamiento. Y no. Todos tenemos heridas. Absolutamente todos. Especialmente las personas queer, las personas raras, la gente que ha crecido sintiéndose fuera de norma o teniendo que sobrevivir dentro de entornos hostiles.

Pero precisamente por eso creo que tenemos todavía más responsabilidad sobre cómo tratamos a los demás.

Porque llega un momento donde tus traumas dejan de ser solo una explicación y empiezan a convertirse también en una elección constante sobre qué haces con todo ese dolor. Si lo miras, si intentas no reproducir ciertas dinámicas o si simplemente utilizas tus heridas como excusa permanente para seguir dañando a otros mientras te construyes una imagen de persona sensible.

Y sinceramente creo que vivimos rodeados de gente así.

Personas que hablan todo el rato de conciencia pero funcionan desde el ego.
Que hablan de cuidados mientras utilizan emocionalmente a los demás.
Que hablan de libertad mientras necesitan controlar continuamente cómo son percibidas.
Que convierten cualquier crítica en un ataque personal porque su identidad entera depende de sentirse siempre moralmente superiores.

Y claro que eso me afecta políticamente. Porque para mí la política nunca ha sido una cosa separada de lo emocional. Nunca entendí esa idea de artista “neutral”, de creador “apolítico” o de persona “desconectada de todo eso”. Me parece imposible. Incluso decidir no posicionarte ya es una forma clarísima de posicionamiento.

Además las personas como yo nunca hemos tenido realmente el privilegio de vivir fuera de lo político. Ser queer ya es político. Existir fuera de ciertas normas ya es político. La forma en que ocupas el cuerpo, el deseo, la estética o el espacio público ya está atravesada constantemente por ideologías aunque algunos puedan fingir que viven por encima de ellas.

Y supongo que por eso me interesan tanto las personas que siguen construyendo formas de existir diferentes aunque sean imperfectas, contradictorias o demasiado emocionales para este mundo obsesionado con la productividad y la corrección constante.

Porque sinceramente creo que una de las cosas más violentas que hace el sistema es intentar convertirnos a todos en versiones mucho más pequeñas, más cansadas y más fáciles de controlar de nosotros mismos.

Y precisamente por eso sigo defendiendo tanto la sensibilidad, el exceso, lo queer, lo emocional, la imaginación y hasta ciertas formas de fragilidad. No como algo ingenuo sino casi como una forma de resistencia contra un mundo cada vez más frío, más individualista y más obsesionado con convertir cualquier cosa viva en producto, personaje o marca.

Supongo que al final por eso sigo creando desde un lugar tan emocional. Porque todavía me niego a convertirme en alguien completamente desconectado del dolor ajeno solo para sobrevivir más cómodamente dentro de todo esto.

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Garbi KW propone un trabajo híbrido entre muchas disciplinas dispares: arte urbano, diseño, arte, publicidad, cine, instalaciones, collages, videoarte, cartelismo, pintura, lustración, actos performativos, moda, etc.

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