Sobre el tiempo perdido (y la mentira de que todo enseña)
Hay una idea que se repite como un mantra tranquilizador:
de todo se aprende, nada es tiempo perdido, las experiencias te hacen más sabio.
Una especie de morfina emocional que la psicología moderna reparte para que no gritemos demasiado.
Pero no siempre es verdad.
Y decirlo en voz alta incomoda.
Hay tiempo perdido.
Tiempo objetivamente perdido.
Años entregados a relaciones que no cuidaban, a dinámicas que empequeñecían, a una versión de mí que sobrevivía pero no vivía. Negarlo no es madurez: es miedo a mirar la herida.
No todo el mundo aprende.
No todo el mundo sale más lúcido, ni más fuerte, ni más inteligente. Mucha gente solo se adapta, se endurece o se anestesia mejor. Si aprender fuera automático, el mundo estaría lleno de sabios y no de gente repitiendo el mismo daño con distinto nombre.
La frase “todo pasa por algo” no consuela: adormece.
Sirve para no atravesar el duelo, para saltarse la rabia, para no asumir que algo se fue y no vuelve. Y hay cosas que no vuelven. Nunca. Eso también forma parte de estar vivo.
Reconocer el tiempo perdido duele más que cualquier consuelo barato.
Pero también devuelve algo esencial: dignidad.
Porque deja de tratarte como a un niño al que hay que distraer y te reconoce como a alguien capaz de sostener una verdad incómoda.
El problema no es pensar he perdido mucho tiempo.
El problema es usar ese pensamiento para castigarte.
Hay una diferencia enorme entre lucidez y crueldad.
Entre decir no quiero volver a dormirme así y decir ya es tarde, ya no valgo.
La primera es fuerza.
La segunda es violencia interior.
Yo no quiero convertir el dolor en un cuento edificante.
No necesito que todo tenga sentido para justificarlo.
Prefiero algo más honesto:
Sí, perdí tiempo.
Sí, me duele haberlo perdido.
Y precisamente por eso ahora el tiempo pesa más.
No para correr.
No para recuperar nada.
Sino para no regalarlo otra vez.
Quizá no todo enseña.
Pero hay verdades que, cuando por fin se aceptan, dejan de anestesiar y empiezan a afilar.
Y a veces, estar afilado es lo único que queda.
Written by: garbikw
Garbi KW propone un trabajo híbrido entre muchas disciplinas dispares: arte urbano, diseño, arte, publicidad, cine, instalaciones, collages, videoarte, cartelismo, pintura, lustración, actos performativos, moda, etc.