Hay algo muy triste en los hombres que solo saben sentirse deseados a través de imágenes
Creo que por eso aparecen tantos hombres solos en mi trabajo aunque casi nunca hablen.
Porque muchas veces siento que la masculinidad contemporánea se ha convertido en una especie de escaparate silencioso donde muchísimos hombres ya solo saben relacionarse con los demás a través de imágenes controladas de sí mismos.
Selfies.
Fotos de espejo.
Poses repetidas.
Abdominales.
Miradas vacías.
El mismo ángulo aprendido veinte veces.
La misma expresión de “no me importa nada” hecha delante del móvil durante media hora.
Y no lo digo desde superioridad moral porque internet nos ha deformado a todos un poco. Vivimos rodeados de imágenes. Pensamos visualmente. Consumimos deseo visualmente. Y creo que precisamente por eso me obsesiona tanto este tema.
Porque detrás de toda esta hiperproducción masculina de imágenes hay una tristeza bastante fuerte que casi nadie quiere mirar demasiado.
Muchísimos hombres parecen haber aprendido a sentir valor únicamente cuando se convierten en objeto visual deseable durante unos segundos. Como si la validación hubiese sustituido completamente a la intimidad.
Y claro, eso genera cuerpos cada vez más producidos pero personas emocionalmente cada vez más desconectadas.
A veces veo perfiles, fotos o redes sociales y siento que estoy viendo el mismo personaje repetido infinitamente. No porque todos los hombres sean iguales sino porque parece que existe una forma muy concreta de masculinidad digital que muchísima gente aprende a interpretar para sobrevivir dentro del deseo contemporáneo.
Baños.
Luces LED.
Mandíbulas tensas.
Frases frías.
Cuerpos convertidos en interfaz social.
Gente intentando parecer segura mientras transmite exactamente lo contrario.
Y sinceramente creo que gran parte de mi imaginario sale de observar precisamente eso.
No los cuerpos musculosos en sí.
Ni el gimnasio.
Ni la masculinidad aspiracional.
Me interesa más el cansancio que hay detrás de ciertas imágenes masculinas. La sensación de hombres construyéndose continuamente como avatar porque no saben muy bien quiénes son fuera de cómo son percibidos.
Por eso muchos de mis personajes parecen fuertes pero emocionalmente ausentes. Como NPCs sentimentales atrapados dentro de habitaciones rosas, renders tristes, discotecas mentales o espacios artificiales llenos de neón barato.
Porque muchas veces así se siente internet ahora mismo:
como un sitio lleno de personas intentando desesperadamente ser deseadas sin saber realmente cómo dejarse ver.
Además creo que la cultura visual masculina actual tiene algo profundamente repetitivo y triste. Los mismos cuerpos. Las mismas poses. Las mismas referencias. Todo optimizado para resultar consumible rápido. Como si el deseo hubiese terminado completamente absorbido por la lógica de catálogo.
Y claro que siempre ha existido exhibición física. Pero antes todavía había más accidente, más personaje raro, más contradicción visual. Ahora muchísima gente parece directamente entrenada para convertirse en una imagen eficiente de sí misma.
Supongo que por eso sigo sintiendo más ternura por ciertas webcams antiguas o fotos malas de principios de internet que por gran parte de la producción visual masculina actual. Antes la gente todavía parecía sola de verdad en internet. Ahora parece que todos están constantemente haciendo casting para su propia vida.
Y curiosamente creo que la IA intensifica todavía más esa sensación.
Porque muchas imágenes generadas parecen exactamente la fantasía contemporánea de masculinidad: hombres perfectos, suaves, brillantes, emocionalmente vacíos, atrapados dentro de espacios sin historia. Avatares diseñados para gustar inmediatamente y desaparecer igual de rápido.
Y precisamente por eso me interesa trabajar con ella.
No para fabricar fantasías limpias sino para empujar toda esa artificialidad hasta un punto donde empieza a volverse incómoda. Donde el cuerpo perfecto ya no parece sexy sino triste. Donde el render bonito empieza a sentirse vacío. Donde el chico mirando cámara parece más abandonado que poderoso.
Porque sinceramente creo que muchas de las imágenes masculinas contemporáneas funcionan exactamente así:
personas intentando construir una versión deseable de sí mismas mientras emocionalmente cada vez saben menos cómo relacionarse fuera de la pantalla.
Y supongo que por eso sigo llenando mis vídeos de hombres quietos, habitaciones vacías, luces artificiales y deseo congelado.
Porque muchas veces siento que esa es la verdadera estética emocional de esta época.