Las imágenes demasiado perfectas me hacen sentir solo
Cuanto más perfectas se vuelven las imágenes, menos cosas siento mirando muchas de ellas.
Y me hace gracia decir esto precisamente ahora que trabajo constantemente con IA, renders, cuerpos artificiales y mundos digitales que muchas veces parecen salidos de una publicidad futurista medio rota. Porque desde fuera podría parecer que estoy obsesionado exactamente con esa perfección visual contemporánea. Pero sinceramente creo que lo que me interesa de verdad es justo lo contrario: el momento donde esa perfección empieza a agrietarse un poco y aparece algo humano debajo.
Porque hay algo bastante triste en la estética actual obsesionada con parecer impecable todo el tiempo.
Los apartamentos minimalistas donde parece que nadie ha llorado nunca.
Los cuerpos de gimnasio completamente definidos pero con mirada agotada.
Las caras hiperretocadas.
Los renders tan limpios que parecen hechos dentro de una clínica privada.
Las personas construyéndose como si fueran marcas de lujo de sí mismas.
Todo perfectamente iluminado.
Perfectamente optimizado.
Perfectamente vacío.
Y sinceramente creo que muchas veces esa obsesión visual nace de una fantasía de control emocional imposible. Como si ordenar el cuerpo, la casa, la piel, la estética o la identidad pudiera eliminar también el caos mental, la inseguridad o la soledad.
Pero el vacío sigue ahí.
De hecho creo que por eso me obsesionan tanto ciertas imágenes artificiales donde todavía queda algo raro respirando debajo. Un render precioso con una sensación tristísima. Un cuerpo aparentemente perfecto transmitiendo agotamiento. Habitaciones rosas demasiado limpias donde parece que alguien acaba de irse llorando hace diez minutos. Avatares musculosos que parecen más solos que sexys. Todo ese tipo de imágenes me emocionan muchísimo más que la perfección aspiracional pura.
Porque siento que ahí aparece algo real.
Además trabajar con IA me ha hecho pensar muchísimo sobre esto. Muchísima gente habla de la IA como si el problema fuese simplemente que “las imágenes son falsas”. Pero sinceramente creo que gran parte de internet ya llevaba años funcionando desde esa falsedad incluso antes de la IA generativa. La diferencia es que ahora la artificialidad ya ni siquiera intenta esconderse.
Y curiosamente eso me interesa muchísimo más.
Porque cuando una imagen es demasiado perfecta, demasiado correcta o demasiado aspiracional, automáticamente dejo de creer en ella. En cambio cuando algo artificial conserva rareza, contradicción o cierta melancolía extraña, siento que aparece algo mucho más humano aunque técnicamente sea menos “real”.
Supongo que por eso mi universo visual siempre acaba derivando hacia cuerpos emocionalmente rotos aunque estén hiperproducidos. Personajes demasiado guapos dentro de habitaciones vacías. Cultura gym mezclada con tristeza. Porno mezclado con ternura. Discotecas mentales llenas de neón donde nadie parece estar pasándolo realmente bien.
No me interesa la perfección.
Me interesa el cansancio escondido dentro de ella.
Y creo que precisamente por eso sigo usando IA aunque tenga muchísimas contradicciones con ella. Porque no la utilizo intentando construir fantasías limpias de futuro tecnológico perfecto. Me interesa más usarla como una especie de espejo raro donde aparecen todas las obsesiones contemporáneas llevadas al límite: el cuerpo, el deseo, la soledad, la hiperproducción de imágenes, la necesidad de gustar, el miedo a desaparecer.
Además hay algo bastante emocional en cómo la IA intenta continuamente producir belleza promedio. Imágenes que parecen hechas para gustar rápido. Personas perfectas sin historia. Espacios bonitos sin memoria. Todo listo para ser consumido en dos segundos antes de desaparecer dentro del siguiente scroll.
Y sinceramente creo que gran parte de mi trabajo consiste precisamente en intentar sabotear un poco esa limpieza. Meter tristeza, incomodidad, deseo raro, contradicción o melancolía dentro de imágenes que en teoría deberían sentirse completamente vacías.
Porque al final lo que sigo buscando no es perfección visual.
Es la sensación de que todavía queda alguien vivo al otro lado de la pantalla.