La estética religiosa me sigue interesando porque el catolicismo español ya era camp antes de que existiera Tumblr

A veces veo gente hablando de estética queer como si hubiese nacido en Pinterest en 2014 y sinceramente creo que crecimos rodeados de imágenes muchísimo más raras y extremas desde pequeños.

Normal que muchos maricas acabemos obsesionados con el dramatismo visual si nos criamos viendo cristos ensangrentados tamaño real, vírgenes llenas de lágrimas de cristal, santos musculosos iluminados con luces moradas y señoras llorando delante de pasos barrocos como si estuvieran viendo el final de una telenovela cósmica.

El catolicismo español ya era completamente excesivo mucho antes de que internet aprendiera a llamar “camp” a las cosas.

Y creo que mucha gente no entiende hasta qué punto todo eso se queda dentro de la cabeza aunque luego no creas en Dios ni un segundo más de tu vida.

Porque yo ya no creo prácticamente en nada de forma organizada, pero sigo sintiendo muchísimo más viendo ciertas iglesias pequeñas llenas de plástico dorado, flores artificiales y velas medio derretidas que entrando en muchas galerías contemporáneas perfectamente blancas donde todo parece diseñado para no incomodar a nadie.

De hecho muchas veces siento más honestidad visual en una tienda de estampitas religiosas de barrio que en cierto arte contemporáneo obsesionado con parecer inteligente.

Las tiendas religiosas me fascinan. Los san Judas fluorescentes. Los rosarios rosas. Las vírgenes que parecen salidas de un render barato de los 2000. Los corazones atravesados por cuchillos. Todo lleno de brillo, sangre, sufrimiento, terciopelo, culpa y exceso emocional. Es literalmente cultura pop española llevada al delirio.

Y claro que todo eso aparece luego en mi trabajo aunque esté mezclado con neones, porno triste, musculocas de gimnasio, IA y renders vaporwave.

Porque en el fondo mi imaginario sale más de haber crecido viendo peluquerías llenas de posters de santos y bares con máquinas tragaperras al lado de una virgen pequeña que de haber leído teoría artística contemporánea.

Además creo que el catolicismo español tiene algo muy concreto que conecta muchísimo con cierta sensibilidad queer: convierte el sufrimiento en espectáculo visual.

Todo está exagerado.
Todo sangra.
Todo llora.
Todo brilla.
Todo parece emocionalmente demasiado grande.

Y sinceramente creo que muchísima cultura queer funciona igual. El maquillaje, el melodrama, el cuerpo convertido en personaje, el deseo vivido como algo casi teatral. A veces veo ciertas imágenes de Pierre et Gilles y me recuerdan muchísimo más a las iglesias de mi infancia que a museos modernos.

Incluso muchas procesiones españolas tienen algo rarísimo entre fetiche religioso, performance y espectáculo pop. Hombres musculosos cargando esculturas barrocas gigantes mientras suena música tristísima y todo el mundo mira cuerpos sufriendo decorados con oro y flores. Si lo piensas dos segundos es completamente surrealista.

Y supongo que por eso nunca he entendido la obsesión contemporánea con limpiar tanto las imágenes. Todo ahora parece minimalista, silencioso y perfectamente controlado. En cambio yo sigo sintiendo debilidad por las cosas demasiado cargadas. Los altares. Los escaparates kitsch. Los neones religiosos. Los gimnasios decorados como si fueran templos de masculinidad low-cost. Las discotecas pequeñas que parecen iglesias futuristas hechas con cuatro LEDs y humo artificial.

Además internet hizo algo curioso: mucha gente queer acabó reemplazando la religión por la estética. Ya no creemos en salvaciones colectivas pero seguimos necesitando símbolos, rituales, personajes y formas de dramatizar emocionalmente la vida.

Por eso creo que me interesan tanto ciertos cuerpos masculinos construidos casi como santos contemporáneos. El culturista triste de Instagram. El chico perfecto haciéndose selfies en un lavabo vacío a las tres de la mañana. El marica musculado lleno de tatuajes religiosos posando como un mártir del gimnasio. Todo eso me parece muchísimo más relacionado con el barroco español de lo que la gente quiere admitir.

Y curiosamente la IA también me interesa por eso.

Porque muchas veces las imágenes generadas parecen exactamente el tipo de iconografía religiosa artificial que tendría una sociedad completamente obsesionada con el cuerpo, el deseo y la hiperproducción visual. Ángeles de discoteca. Cristos fitness. Santos renderizados como avatares sexuales. Todo precioso y vacío al mismo tiempo.

Y sinceramente creo que ahí hay algo bastante contemporáneo.

No uso toda esa imaginería para provocar ni para “mezclar religión y queer” de forma fácil. Me interesa porque crecí rodeado de símbolos donde el dolor, la belleza, el cuerpo y el espectáculo ya estaban completamente mezclados desde el principio.

Supongo que por eso todavía siento más cosas viendo una virgen fluorescente en una gasolinera perdida que entrando en muchas exposiciones donde todo parece diseñado para demostrar que la persona artista tiene buen gusto y ningún conflicto real con las imágenes.

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Garbi KW propone un trabajo híbrido entre muchas disciplinas dispares: arte urbano, diseño, arte, publicidad, cine, instalaciones, collages, videoarte, cartelismo, pintura, lustración, actos performativos, moda, etc.

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